martes, febrero 26, 2013

migraña

Anoche extrañe tu olor. Tu cuerpo. Es horrible cuando pasa eso,  más insoportable cuando la migraña ha decidido estacionarse y hacerse aguda por las noches, tres noches. La sensación de deseo se convierte en un acto de sado. Luego una sucesión de letras comienzan a caer desordenadamente, imposibles de ordenar en este estado, todas tienen que ver contigo, con nuestros recuerdos, con nuestros juegos, nuestras largas platicas quizas las tendríamos por escrito si ahora estuviera en disposición de acomodarlas. Pero no hace falta, las tuvimos y ahí mismo las guardamos para nosotros, para que en los días dolorosos se manifestaran en suave alivio. Me han dicho que dejaste la canasta muy alta, que complico el camino de entablar algo mas que una amistad, profundizar, pero es por que no necesito conocer a nadie mas, al menos no en la medida que nos descubrimos tu y yo. Prefiero lo resuelto, lo inmediato, que se limiten a no tener mas detalles conmigo, por que seguramente vería la inmensidad de los tuyos. Vería que escribir y dedicar letras resultaría soso, como gritar con un vaso pegado a la cara y esperar a cambio un eco. Que dejen de leerme, que no se permitan ni flores, ni halagos, que se reserven las preguntas profundas para si mismos, si es que llegan a tenerlas, por que hasta en ocaciones busco intencionalmente saber si existe esa profundidad, para encontrar un motivo mas para desacreditar, para encerrarme y justificar mi falta de interés. Colgarme medallas de poeta y meritos de escritor, nunca fue lo que espere recibir al redactarte, al darme solución de no saber dar palabras en persona. Es por eso que ahora pisoteo tales banderines. No estoy molesto, solo tengo una puta migraña que no me deja desenamorarme.

martes, febrero 12, 2013

es más.

 
Esta mañana, despertar fue tan común, sobre todo por el hecho de haber dormido solo un par de horas, o como nos gusta decir, morimos solo dos horas. Me despertó el suave tacto de tu mejilla sobre mi pecho helado y es que para variar, la calefacción dejo de funcionar poco después de habernos quedado tendidos sobre la cama, pero ninguno de los dos quiso restarle detalles a lo que nuestras pupilas empezaban a contemplar. Los primeros rayos de sol se atrevieron a rozar tu espalda, lo note al alcanzar la colcha para cubrirte del frío, fue tan común respirar tu cabello, cerrar los ojos y recordar lo que fumamos, lo que bebimos, lo que nos besamos, lo que nos desaparecimos, respirarlo una vez más y encontrar en el ocultas tus caricias, volver a sentir tu piel en mis ojos, mis manos sobre tus ganas... - El técnico volvió a dejarla igual-. Tu voz me alcanzo en tu cabellera, la calefacción se encendió para echar aire frío y por alguna razón asumiste que estaba despierto y te escucharía. Abandone tu espalda y meti mi mano en tu cabellera, tan dificil de recorrerla si lo que buscara fuera la salida, así aprenden las personas a perderse en las cabelleras para encontrarse así mismos, tan común es esto también. -Habra que cambiar de técnico-. Te respondí. Giraste, nos miramos, tan común en nosotros, no quize preguntar por que sonreías, mas bien no pude. Cerramos los ojos, nos respiramos, tan agitados, tan comunes y tan de mañana, tan helados.